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El Dorado "Tigre de
río" (Salminus
maxillosus)
El dorado es, sin lugar a dudas, la especie autóctona
más significativa. Sus cualidades deportivas han traspasado nuestras
fronteras, transformándolo en un pez de fama internacional.
Aficionados
de todo el mundo tienen en su retina
la imagen del dorado realizando sus acrobáticos saltos, como si se
tratara de una barra de oro retorciéndose en el aire cuando es acompañado
por el sol y salpicado por el agua. Su particular
color amarillo naranja es apuntalado por una agresividad que pocos
peces le igualan. Todo lo hace como si fuera el dueño de río, donde prácticamente
no tiene enemigos. Su fortaleza le permite atacar sin piedad cardúmenes
de pequeños peces (en general, de mojarras) o alevinos de otras especies.
Lo hace, preferentemente, en bocas de arroyos o cursos interiores que
vuelcan en otro mayor. Al bajar el nivel del río principal, los peces
menores se ven obligados a abandonar sus refugios porque quedan sin agua.
Así, apenas llegan al cauce más importante se encuentran con el
dorado y su suerte parece echada.
Estas bocas desaguadoras
constituyen uno de los puntos principales que la especie elige para
proveerse de alimento. Y, por lo tanto, uno de los sitios que el pescador
deportivo debe tener siempre en cuenta a la hora de buscar un dorado.
Continuemos con las
cualidades de este pez que también suele denominarse pirayú o tigre del
río. Cuenta con una boca casi totalmente ósea, provista de fuertes
dientes cónicos. Esta sólida estructura implica que la clavada deba ser
muy precisa y firme para no fallar. Consecuentemente, aunque el consejo
vale para todas las especies, con el dorado es fundamental emplear el
equipo adecuado. Es decir, elementos que no superen demasiado la pieza a
capturar. Resulta vital el uso de anzuelos de alambre fino y perfectamente
afilados, pues no hay otra manera de penetrar con éxito esa verdadera
fortaleza que es la boca del dorado, lo ideal es usar 9/0 o 10/0; (por
supuesto, la boca tiene sus partes blandas pero debemos pensar que la
suerte no siempre estará de nuestro lado como para que el anzuelo se
inserte allí). También ayuda mucho el empleo de una caña de acción rígida
y un nylon que estire lo menos posible. Desde ya, si optamos por un equipo
ultrapesado (algo que lamentablemente ocurre con frecuencia) también
aseguraremos la clavada. Pero lo que ganamos en ese momento lo perdemos
luego a la hora del combate.
Otra valiosa condición
de la especie es que ofrece la posibilidad de ser capturada en diferentes
estilos. Por ejemplo, en la pesca a la espera con aparejos de fondo. Es
una modalidad clásica en nuestros ríos, porque mientras se intenta desde
una embarcación anclada o desde la costa es posible descansar o charlar
con amigos, generalmente en medio de una naturaleza soberbia.
Actuando de esta forma
persiste siempre la incertidumbre acerca del momento preciso para efectuar
la clavada. El pescad or duda concretarla apenas siente los primeros toques
o cuando el dorado ya arrastra el cebo. Y la incógnita no tiene solución,
agregándole una cuota mayor de emociones al encuentro con la especie. En
ocasiones el pez sale lanzado con el engaño en la boca, lo que facilita
una clavada certera pues estaremos traccionando en sentido contrario a su
desplazamiento. Pero otras veces “juega” con la carnada, sin decidirse
a tomarla del todo. Esta forma de actuar es percibida como pequeños
toques, entre los que deberemos decidir cuál es el más oportuno para
clavar.
Solo la experiencia
acumulada y una atención minuciosa al tacto nos permitirán tener más
aciertos que yerros en ese crucial instante. En esta tensa actitud-juego
de clavar el dorado, cuando el aficionado acumule más piques concretados
que fallidos podrá considerar favorablemente su accionar. Pero a no
desesperar; el tigre del río suele salir casi siempre airoso de ese
balance.
Otro aspecto destacable
del dorado es su forma de combatir; ofrece una pelea muy franca, a cara
descubierta y plantea la disputa a cancha abierta.
Lo hace con mucho vigor
en los primeros instantes, donde se combinan fuertes embestidas y
espectaculares saltos. Como ya dijimos, para disfrutar esta fiesta resulta
vital el empleo de equipos que no anulen la capacidad defensiva de la
especie. Vale recordar que no deja de ser ético seguir la pieza cuando
los implementos están muy por debajo del poder requerido. El aficionado
podrá olvidarse de muchas capturas, pero jamás lo hará de un dorado
aprehendido en estas circunstancias. Siempre debemos tener presente que sólo
empleando los equipos adecuados podremos disfrutar cabal y totalmente del
verdadero placer de la pesca deportiva. Por un camino distinto será
factible “sacar” ejemplares, pero sin ningún otro mérito ni
satisfacción. La esencia de esta actividad no pasa por acumular capturas,
sino por vivir cada una de ellas con la máxima intensidad que nos propone
el pez prendido en el otro extremo.
Los intentos a pindá o a
la deriva son otra opción para probar con el dorado. Brindan la
posibilidad de recorrer zonas donde supuestamente puede hallarse la
especie, aumentando las chances frente a la
alternativa de actuar con la
embarcación anclada en un sitio determinado. Se los practica
mayoritariamente a fondo, utilizando aparejos con o sin lastre. En ambos
casos encarnados con cebos naturales. La pesca a la deriva mantiene el
mismo encanto en la lucha con el pez, pero únicamente si se ancla la
embarcación después que la pieza ha sido prendida; no es lo mismo
plantear el combate con la lancha a la deriva que hacerlo desde un punto
fijo. Esta actitud vale para la modalidad trolling si la queremos
transformar en una práctica realmente deportiva. De esta manera
lograremos que el papel protagónico del guía se traslade al aficionado y
pueda entablar una lucha equitativa con el pez.
Con respecto al modo
spinning, debemos consignar que es posible practicarlo tanto con carnadas
naturales como con cebos artificiales. Las chances son parejas en ambos
casos, pues el dorado no acostumbra despreciar nada que se le ofrezca. Aún
cuando no demos con el artificial adecuado, las posibilidades de pique
siguen existiendo. Por ese motivo, recomendamos inclinarse siempre por
esta alternativa pues eleva la faceta deportiva de nuestro accionar. En
cuanto a los modelos no hace falta llenar la caja de pesca, basta una
media docena de señuelos entre 15 y 20 cm. de largo, ya sean fijos o
articulados; Preferentemente rinden muy bien los colores dorado y
plateado, seguidos por los arco iris que el pez puede apreciar sobre
cualquier fondo. Esta cantidad sólo por si alguno se pierde por distintos
factores, pues no es necesaria una amplia gama para prender dorados.
Empleando una estrategia adecuada, las posibilidades con artificiales son
muchas y las emociones todavía mayores.
Llegamos por último al
flycast; se puede practicar tanto en río abierto como en los arroyos, la
ventaja que tiene este tipo de pesca sobre la tradicional con carnada o señuelo,
es que donde entra la mosca muchas veces no pueden entrar las otras,
porque hay troncos, yuyos, es bajo el lugar, etc., en cambio la mosca no
tiene inconvenientes y hemos tenido muy buenos éxitos, sobre todo el
dorado que cuando no come tiene su territorio y ataca por irritación más
que por hambre.
En lo referente a las
características no hay nada definido, tanto se puede pescar en lugares
muy bajos como en pleno Paraná (donde a veces hay hasta diez metros de
profundidad) con iguales resultados.
Tampoco el río crecido
es problema, por el contrario, favorece este tipo de pesca, porque al
subir los niveles normales hace que el agua se introduzca en las islas y
produzca pequeñas correderas que son lugares ideales para el dorado,
porque están al acecho de su comida, cosa que no ocurre cuando el río
está en su cauce normal. Asimismo la turbidez o claridad del agua no
influyen para nada, la especie toma perfectamente la mosca también en
aguas turbias.
La caña ideal para el
equipo es la número 8, hay algunos que prefieren una caña más potente
como la número 9, pues hay dorados que cuesta pararlos, en los que no hay
más remedio que soltar la lancha y seguirlos. Para los más exquisitos,
está la caña número 7, anda my bien y con ella se disfruta mucho más.
Con un equipo menor se corre el riesgo de roturas.
El reel debe tener un
tamaño mediano con un backing de 100 a 120 metros, después con shooting
perfectamente bien.
En cuanto a la línea
deberá ser preferentemente de hundimiento rápido (los mejores dorados se
toman abajo). En experiencias con popper o floating hemos tenido éxito,
pero son pocos los momentos que se pueden practicar este tipo de pesca, sólo
cuando el pez come arriba y está muy voraz. Esta es una pesca única,
verlo al dorado casi en superficie tomar el artificial, se vuelve
espectacular.
Las moscas deben ser de
tamaños bastante grandes, algunas con mucho volumen de pelo, por eso es
importante tener cañas muy potentes para poder lanzar este tipo de mosca,
incluso algunas de estas a veces se lastran, porque si el dorado está
bien abajo hay que hacerlas hundir para tener éxito, las mismas son de
difícil lanzamiento.
Muchos pescadores que
acuden por primera vez a esta zona, suelen insistir con el tema del vadeo;
este estilo no es recomendable porque nuestras aguas están plagadas de
rayas, las cuales suelen alojarse sobre el fondo y como el agua
generalmente es turbia, no permite detectarlas. Sería muy desagradable
sufrir la picadura de una raya, además el gran porcentaje de la pesca se
realiza embarcado; solo en algunos casos bajamos, caminamos por lugares
limpios, tierra firme, donde no haya árboles que puedan molestar.
Todo esto es solo una
pequeña muestra de la inmensa cantidad de posibilidades deportivas que
nos brinda el dorado, casi siempre condimentadas por anécdotas y rodeados
por paisajes de inconmensurable belleza que acompañan cada excursión al
río.
Hecha la presentación de
las principales modalidades de pesca en la zona, queda en ustedes animarse
a vivir la gran aventura; una vez en Goya y de acuerdo a las
circunstancias del río les aconsejaremos los lugares y la estrategia
adecuada para atrapar al “Tigre del Paraná”. Aunque generalmente
cualquiera de ellas son una excelente manera de acercarse a una de las
especies más características de nuestras aguas.
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